miércoles, 25 de julio de 2018

Algunas cuestiones jurídicas sobre los actos de conciliación administrativos previos a la vía judicial social

Artículo publicado en el portal jurídico  NOTICIAS JURÍDICAS

Algunas cuestiones jurídicas sobre los actos de conciliación administrativos previos a la vía judicial social 

Severino Espina Fernández
Funcionario del Cuerpo Superior de Administradores del Principado de Asturias. Letrado UMAC-Gijón

Sumario

1.- Introducción.
2.- El escrito de solicitud o papeleta de conciliación. Regulación y contenido.
3.- Competencia territorial para celebrar el acto de conciliación.
4.- Asistencia al acto. Acreditación de las partes y sus representantes
5.- Suspensión e interrupción de los plazos de caducidad y prescripción por la interposición de la papeleta.
6.- Obligación de comparecer al acto de conciliación y efectos de la incomparecencia.
7.- Efecto limitativo de la papeleta en cuanto a los hechos expuestos en la misma y necesidad de efectuar anuncio reconvencional en el acto de conciliación.
a) Efecto limitativo respecto a hechos expuestos en la papeleta.
b) Obligatoriedad de efectuar anuncio reconvencional en el acto de conciliación.
8.- Efectos del acuerdo conciliatorio.


1.- Introducción.

Este artículo se centra en el trámite del intento de conciliación obligatoria que se debe efectuar ante los órganos de las Administraciones Públicas competentes al efecto con anterioridad a la interposición de la demanda en los juzgados de lo social, orillando otros medios de solución de conflictos tales como la mediación o el arbitraje laboral. El trámite de conciliación administrativa laboral, a menudo minusvalorado, posee y determina consecuencias jurídicas prácticas que pueden afectar de un modo sustancial al proceso judicial posterior. Los hechos expuestos en el escrito de solicitud de conciliación -papeleta-  fijarán la controversia suscitada en la demanda judicial posterior. La fecha de presentación de la  papeleta determinará el inicio del cómputo suspensivo del plazo de caducidad fijado legalmente para interponer la demanda. El acto de conciliación, de lograrse la avenencia entre las partes, tendrá una eficacia ejecutiva equivalente al de una sentencia. La falta de presentación de los interesados en el acto de conciliación también despliega importantes efectos jurídicos pudiendo determinar la caducidad de la acción judicial correspondiente. Todo ello hace que el estudio de este trámite resulte de interés práctico para todo operador jurídico que desenvuelva su actividad en el orden social, ya que en el mismo pueden originarse efectos muy relevantes que inciden tanto en el resultado de la finalización del conflicto surgido entre los interesados, como en la interposición de la demanda judicial posterior en caso de no alcanzarse el acuerdo.

2.- El escrito de solicitud o papeleta de conciliación. Regulación y contenido.

El trámite de intento de conciliación previa a la vía laboral previsto en el art. 63 de la Ley 36/2011, de 10 de octubre, reguladora de la jurisdicción social (en adelante LJS)[1], es un trámite obligatorio que se ha de promover ante los órganos o servicios de la Administración Pública competente[2] mediante una solicitud por escrito, denominada papeleta.

Dicha denominación[3] es la recogida en el artículo 6 del aún vigente Real Decreto 2756/1979, de 23 de noviembre, por el que el Instituto de Mediación, Arbitraje y Conciliación asume parte de las funciones que tiene encomendadas –en adelante, RD 2756/1979- , artículo que establece - de modo sucinto- los datos que deben figurar en ella. 

Así, se dispone que “la conciliación se promoverá mediante papeleta” y que en dicha papeleta deben constar los siguientes extremos: 

1. Los datos personales del que la presente[4] y de los demás interesados y sus domicilios respectivos.
2.  Lugar y clase de trabajo, categoría profesional u oficio, antigüedad, salario y demás remuneraciones, con especial referencia a la que, en su caso, sea objeto de reclamación.
3.  Enumeración clara y concreta de los hechos sobre los que verse su pretensión y cuantía económica, si fuere de esta naturaleza.
4.  Si se trata de reclamación por despido, se hará constar la fecha de éste y los motivos alegados por la empresa.
5.  Fecha y firma.

La asistencia al acto de conciliación o de mediación es obligatoria para las partes, salvo en los procesos señalados expresamente por la Ley.

En el art. 64, apartados 1 y 2, de la LJS se señalan como exceptuados de dicho requisito los siguientes procesos:

-Los que exijan el agotamiento de la vía administrativa[5].
-Los procesos sobre Seguridad Social.
-Impugnación de despido colectivo por los representantes de los trabajadores.
-Relativos a disfrute de vacaciones.
-Materia electoral.
-Movilidad geográfica.
-Modificación sustancial de condiciones de trabajo.
-Suspensión del contrato y reducción de jornada por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción o derivadas de fuerza mayor.
-Derechos de conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
-Los iniciados de oficio[6].
-Impugnación de convenios colectivos.
-Impugnación de los estatutos de los sindicatos o de su modificación.
-Tutela de los derechos fundamentales y libertades públicas.
-Anulación de laudos arbitrales.
-Impugnación de acuerdos de conciliaciones, de mediaciones y de transacciones.
-Aquéllos en los que se ejerciten acciones laborales de protección contra la violencia de género.
-En los que, siendo parte demandada el Estado u otro ente público, también lo fuesen personas privadas, siempre que la pretensión hubiera de someterse al agotamiento de la vía administrativa y en ésta pudiera decidirse el asunto litigioso.
- En los supuestos en que, en cualquier momento del proceso y  después de haber dirigido la papeleta o la demanda contra personas determinadas, fuese necesario dirigir o ampliar la misma frente a personas distintas de las inicialmente demandadas.

También se excepciona del trámite de intento de conciliación administrativa los procesos relativos a expulsión de socios trabajadores de cooperativas de trabajo asociado, toda vez que la medida disciplinaria de expulsión adoptada por el Consejo Rector de aquéllas deberá ser recurrida, con carácter previo a la interposición de la demanda judicial, ante el Comité de Recursos o, en su caso, ante la Asamblea General (art. 87.3, en relación con el art. 82.3 de la Ley 27/1999, de 16 de julio, de Cooperativas).

A pesar de dichas excepciones la LJS, con la evidente finalidad de evitar el proceso judicial y en aras a un elemental principio de eficacia,  reconoce la validez de acuerdos adoptados en actos de conciliación sobre dichas materias excluidas, si las partes convienen en acudir al órgano conciliatorio a fin de resolver la controversia, suspendiéndose los plazos de caducidad de la acción e interrumpiéndose  los de prescripción, aunque finalmente no se logre un acuerdo[7].

3.- Competencia territorial para celebrar el acto de conciliación

La Ley de Jurisdicción Social no establece ninguna previsión sobre la competencia territorial para celebrar el acto de conciliación administrativa. La norma reglamentaria de cabecera, el RD 2756/1979, tampoco resuelve de un modo directo a qué órgano corresponde celebrar el acto de conciliación; sin embargo, dispone  en su art. 5  que la celebración del acto de conciliación se “interesará ante los órganos del Instituto de Mediación, Arbitraje y Conciliación –referencia que debe ser entendida actualmente a los respectivos servicios o unidades autonómicas correspondientes- del lugar de los servicios o del domicilio de los interesados, a elección del solicitante”.

De ello se deduce que corresponde al solicitante de la pretensión reclamada elegir la sede administrativa competente ante la que se realice el acto de conciliación, entre dos opciones posibles. 

a) El lugar en el que se prestaron los servicios laborales de los que nace la reclamación.
b) El domicilio de los interesados. Por domicilio de los  interesados hay que entender, el domicilio de la parte conciliante –solicitante- o el domicilio de la parte reclamada o demandada[8]. Obsérvese que el término “interesado” es más amplio que el de demandante o demandado[9]. 

La sede elegida no se vincula al representante del solicitante-interesado, sino al domicilio de éste último; así, no sería correcto interponer la papeleta de conciliación dirigida a la sede del Servicio o Unidad de Conciliación Laboral en la que tenga su domicilio el despacho del profesional que represente al trabajador reclamante si dicho servicio o unidad administrativa no ejerce su competencia territorial ni sobre el domicilio de los interesados, ni sobre el lugar de prestación de servicios. Con independencia de ello, la papeleta de conciliación, al ser formalmente un documento dirigido a una Administración Pública, podrá ser presentada en cualquiera de los lugares señalados en el art. 16.4 de la Ley 39/2015, de Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas[10], teniendo el solicitante el derecho a señalar en su escrito (papeleta) el lugar que tenga por conveniente para recibir las notificaciones que puedan efectuarse en el procedimiento de conciliación, en virtud del art.66.1, epígrafe b), de dicha Ley[11].

4.- Asistencia al acto. Acreditación de las partes y sus representantes

A diferencia de las actuaciones judiciales que, salvo las excepciones contempladas en las leyes procesales, son públicas (art. 120.1 C.E. y 232.1 LOPJ), el acto de conciliación no es un acto público y por ello, y a fin de asegurar un correcto desarrollo del mismo, se han de guardar unas elementales reglas en cuanto a la admisión de las personas que pueden acompañar a las partes.  Éstas pueden acudir al acto acompañadas de asesores (normalmente asisten a las partes abogados, graduados sociales y otros profesionales relacionados con el derecho laboral) o de quien elijan como asistente o acompañante, sin que sea preceptiva dicha asistencia ni que el asistente ostente capacidad de ejercicio profesional alguno; de hecho, el artículo 10 del RD 2756/1979, todavía recoge la posibilidad de acudir al acto conciliatorio acompañándose de un “hombre bueno”, referencia que hay que extender a la persona que se estime oportuna al efecto. 

Lo que no resulta correcto es abrir el acto a la asistencia de una pluralidad de personas que acompañen a una de las partes, debiendo el Letrado conciliador velar para que se respete un principio básico de buen orden en el desarrollo del acto e impedir que una parte se sienta coaccionada o incomodada por personas cuya presencia no esté justificada.

Tanto las partes como los representantes que las puedan sustituir  han de acreditar su identidad ante el Letrado conciliador. Estos últimos deben también acreditar que poseen facultades suficientes para comparecer y adoptar, en representación de los interesados, las decisiones consustanciales a la conciliación. El artículo 10 del RD 2756/1979 dispone la obligación del Letrado conciliador de comprobar la identidad, capacidad y representación de los comparecientes. 

En cuanto a la acreditación de identidad, el Documento Nacional de Identidad es el documento oficial  con suficiente valor por sí solo para la acreditación de la identidad y los datos personales de su titular (art. 8 de la Ley Orgánica Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana). Ello no obsta a que se pueda acreditar la identidad personal a través de otros documentos oficiales tales como pasaporte, permiso de conducción (cuyo número es el mismo que el del DNI) u otros documentos similares.

En cuanto a la  suficiencia de facultades del representante se ha de admitir su acreditación por cualquier medio válido en derecho (escritura notarial de otorgamiento de poderes, poder apud acta, escritura de constitución, de adopción de acuerdos sociales o certificado expedido por el Registro Mercantil en el que conste que el compareciente en representación de una empresa es administrador único, etc.), debiendo interpretarse como una lista abierta los documentos expuestos en el primer párrafo del art. 9 del RD 2756/1979[12]. 

Lo que sí resulta, en todo caso, necesario es que el representante de parte tenga suficientemente acreditada su capacidad para transigir, desistir o renunciar a las pretensiones que sean objeto del acto, no siendo suficiente a dichos efectos un poder para pleitos sin que se recojan esas facultades especiales. En este sentido el Auto de la Sección 1ª de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo de  22 de noviembre de 2011 (rec. 2878/2010) recuerda que la transacción requiere poder especial "con designación concreta del objeto para el que se confiere".

Si en el poder se recoge la facultad de sustitución, la persona que tenga dicha facultad –sustituido- puede otorgar su representación mediante comparecencia apud acta a otra persona, siempre dentro de las condiciones recogidas en la escritura de poder, no resultando extraño que dichas facultades sean limitadas tanto cualitativa (referida a ciertos actos) como cuantitativamente (referida a determinadas cantidades máximas), así como por razón del oficio del sustituyente (referida a concretas profesiones como Abogados o Procuradores de los Tribunales), por lo que a la hora de confeccionar por parte de los servicios administrativos el poder apud acta deben cuidarse dichos extremos. Una especialidad en cuanto a sustitución entre profesionales se encuentra en el artículo 29 del Real Decreto 1281/2002, de 5 de diciembre, por el que se aprueba el Estatuto General de los Procuradores de los Tribunales de España que, en su primer párrafo, recoge la posibilidad de sustituir a un procurador por otro de la misma demarcación territorial “con la simple aceptación del sustituto, manifestada en la asistencia a las diligencias y actuaciones”.

5.- Suspensión e interrupción de los plazos de caducidad y prescripción por la interposición de la papeleta.

Un efecto trascendente de la interposición de la papeleta es que, desde la fecha de su presentación, se suspenden los plazos de caducidad y se interrumpen los de prescripción[13].
Así, el art. 65 LJS dispone que la presentación de la solicitud de conciliación suspende los plazos de caducidad e interrumpe los de prescripción, reanudándose el cómputo del plazo de caducidad de la acción al día siguiente de intentada la conciliación o transcurridos quince días hábiles desde la fecha de presentación sin que la conciliación se hubiese celebrado. 

La suspensión o interrupción de plazos de caducidad y prescripción se produce desde el día de la presentación de la papeleta, con independencia del medio admitido legalmente a través del que se presente,  siendo admisible su presentación en cualquier lugar de los señalados en el art. 16.4 de la Ley 39/2015, resultando posible su remisión a través de una oficina de correos[14] en la forma reglamentariamente establecida.

No resulta óbice para ocasionar la interrupción del plazo de caducidad de la acción (por despido, por cantidad o por otra materia) interponer la papeleta ante órgano territorialmente incompetente. Ello obedece a un cambio de criterio jurisprudencial sobre la cuestión,  recogido en la  Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de enero de 1996 (Rec. 1714/1995),  basado en la reforma del artículo 14 a) del Real Decreto Legislativo 2/1995, de 7 de abril, por el que se aprueba el entonces vigente Texto Refundido de la Ley de Procedimiento Laboral. Dicha sentencia se separa del criterio en la Sentencia 16 de febrero de 1.984, conforme a la cual la presentación de solicitud de conciliación ante servicio administrativo carente de competencia territorial no suspendía el plazo de caducidad a que estuviera sometido el ejercicio de la correspondiente acción. 

En la papeleta de conciliación también resulta aplicable el “día de gracia” establecido en el art. 135.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil y aplicable a la demanda. El Tribunal Supremo estimó en su sentencia de 3 de junio de 2013 (Rec. 2301/2012) que resulta válidamente interpuesta en plazo una demanda por despido efectuada el mismo día en que se celebró el acto de conciliación, aunque la papeleta se presentase una vez transcurrido el plazo de caducidad de la acción -20 días desde la fecha del despido- si dicha presentación se hubiese efectuado antes de las 15 horas del día siguiente al del vencimiento de dicho plazo.

El art. 65.2 LJS) dicta que, en todo caso, una vez transcurridos treinta días desde la presentación de la papeleta sin haberse celebrado el acto de conciliación se tendrá por terminado el procedimiento y cumplido el trámite. Con dicha medida el legislador  quiso evitar el alargamiento temporal del procedimiento administrativo conciliatorio disponiendo un plazo para su terminación. Lo que ocurre es que el plazo máximo de 30 días para la terminación del procedimiento desde la interposición de la papeleta difiere con el plazo máximo en el que se suspenden o interrumpen los plazos de caducidad y prescripción, plazo de 15 días. Esto puede llevar a confusión, resultando necesario observar que, a efectos de la interposición de la demanda judicial,  se debe tener en consideración que una vez transcurrido el plazo de 15 días hábiles desde la presentación de la papeleta cesa automáticamente el efecto suspensivo o interruptivo del plazo de caducidad o prescripción, todo ello con independencia del plazo de 30 días establecido para dar por terminado el procedimiento conciliatorio. 

6.- Obligación de comparecer al acto de conciliación y efectos de la incomparecencia.

El art. 66 de la LJS dispone que la asistencia al acto de conciliación sea obligatoria para todas las partes. Si el incompareciente fuese el solicitante y éste no alegase causa justificada, se tendrá por no presentada la papeleta archivando las actuaciones; esto es, la situación sería como si no se hubiese presentado aquélla. Ello ocasiona el efecto que su incomparecencia determina que no se va a suspender el plazo de caducidad ni a interrumpir el de prescripción que sí se encontraría suspendido o interrumpido desde la fecha de interposición de la papeleta hasta un plazo máximo de 15 días hábiles computados desde el día siguiente a dicha fecha, resultando de especial trascendencia dicho efecto cuando se trate de acciones con corto plazo de caducidad como la de despido, cuyo plazo de caducidad se establece en 20 días hábiles (art. 103.1 LJS). En aplicación del citado art. 66 LJS, cuando el solicitante sí hubiera presentado causa justificativa que hubiese motivado su incomparecencia (hospitalización, accidente, cancelación de viaje documentada, etc.) la interposición de la papeleta sí interrumpiría el plazo suspensivo o interruptivo de la caducidad o prescripción hasta el límite de los 15 días hábiles anteriormente señalados. 

Si quien no compareciese estando debidamente emplazado fuese la otra parte dicha circunstancia se debería reflejar en la certificación del acta teniéndose la conciliación intentada sin efecto. El juez o tribunal,  en este supuesto  y de no mediar causa que justifique su incomparecencia, debe  imponerle las costas[15] hasta un límite de 600 euros, condicionándose dicha imposición de costas (que no es facultativa, sino obligatoria) al único requisito de que coincidan esencialmente la sentencia que en su día se dicte con la pretensión contenida en la papeleta de conciliación.

Esa actuación judicial preceptiva se complementa con la previsión contemplada en el artículo 97.3 de la LJS. Dicho precepto establece la facultad del órgano judicial de imponer en la sentencia  al litigante que no acudió al acto de conciliación injustificadamente una sanción pecuniaria dentro de los límites que previstos en el art. 75.4 LJS[16].

7.- Efecto limitativo de la papeleta en cuanto a los hechos expuestos en la misma y obligatoriedad de efectuar anuncio reconvencional en el acto de conciliación

a) Efecto limitativo respecto a hechos expuestos en la papeleta

La exigencia de expresar en la papeleta de conciliación los hechos que sean objeto de reclamación va a determinar, en caso de no alcanzarse un acuerdo, el contenido de la demanda judicial posterior ya que en virtud del art. 80.1 c) de la LJS, en la demanda no se pueden alegar hechos distintos de los expuestos en la papeleta, salvo que los mismos sean nuevos -esto es, producidos con posterioridad a la presentación de la demandada- o anteriores si éstos no se hubieran podido conocer. 

Así, el precepto citado dispone que “en ningún caso podrán alegarse hechos distintos de los aducidos en conciliación o mediación ni introducirse respecto de la vía administrativa previa variaciones sustanciales en los términos prevenidos en el artículo 72, salvo los hechos nuevos o que no hubieran podido conocerse con anterioridad”.

La variación sustancial a la que la norma alude "debe  estar referida a los elementos identificadores de la pretensión, de manera que, en última instancia, lo que se pretende con la prohibición de variaciones sustanciales, es el respeto de la situación de igualdad de las partes y del derecho a una adecuada garantía de defensa" (STS 22 de marzo de 2005), admitiéndose  así la posibilidad de  ampliar  la demanda cuando el litigio tiene por objeto percepciones económicas de devengo periódico y se pretenda adicionar al importe reclamado el devengado hasta el momento de la celebración del juicio, toda vez que se reclaman por este período ampliado “por los mismos conceptos y por la misma causa de pedir que en el período inicial” (STS 16 de octubre de 1990).

b) Obligatoriedad de efectuar anuncio reconvencional en el acto de conciliación

Por lo que se refiere a la parte demandada, el art. 85.1 LJS establece que únicamente podrá formularse reconvención cuando se hubiese anunciado en la conciliación previa al proceso. El anuncio formulado en el acto de conciliación debe ser claro y completo, a fin de evitar la indefensión de la otra parte. 

La compensación de deudas vencidas y exigibles sin formular pretensión de condena no exige reconvención, ni por ello anuncio de la misma. Tampoco es exigible cuando el demandado suscite una pretensión con el objeto de ser absuelto, siendo suficiente para ello que se alegue en la demanda.

El Tribunal Supremo se pronunció sobre la exigencia del anuncio reconvencional, entre otras en su Sentencia de 6 de Abril de 2004 (Rec. 1376/2003) en cuyo fundamento de derecho segundo considera que “la reconvención constituye una verdadera demanda, por la que el demandante del primer proceso se convierte en demandado en el nuevo proceso que inicia la reconvención”. Por ello, el demandado reconviniente puede ejercitar su pretensión en un posterior proceso, “en el que tendrá las garantías del art. 24 de la Constitución Española y de las leyes que la desarrollan, garantía que no tendría la parte reconvenida si se permitiera actuar la reconvención en el acto del juicio, sin cumplirse el requisito de haberse anunciado la misma en la conciliación previa o en la contestación a la reclamación previa”.

8.- Efectos del acuerdo conciliatorio.

Los efectos obligatorios de lo acordado en el acto de conciliación se equipara a una sentencia judicial, toda vez que el artículo 68.1 de la LJS establece que lo acordado en la conciliación “constituirá título para iniciar acciones ejecutivas sin necesidad de ratificación ante el juez o tribunal, y podrá llevarse a efecto por los trámites previstos en el Libro Cuarto de esta Ley”, trámites destinados a regular, precisamente, los procedimientos de ejecución de sentencia. 

Los plazos para instar judicialmente la ejecución de conciliaciones serán idénticos, en consecuencia, a los establecidos en la norma procesal para la ejecución de sentencias y serán, a su vez, iguales a los fijados en las leyes sustantivas para el ejercicio de la acción tendente al reconocimiento del derecho cuya ejecución se pretenda, si bien en este supuestos todos los plazos son de prescripción (art. 243.1 LJS).

En cuanto a plazos concretos,  la LJS establece en un año el plazo para reclamar el cumplimiento de las obligaciones dinerarias (art. 243.2) y en el caso de reclamaciones por readmisión de despidos,  de 20 días hábiles, una vez transcurrido el plazo máximo de 3 días en el que la readmisión deba producirse (art. 283.1 LJS). 

Finalmente, cabe señalar la existencia de efectos distintos entre acuerdos adoptados en conciliaciones celebradas ante órganos administrativos  respecto a los adoptados ante órganos judiciales. Así, el art. 33.2 del Estatuto de los Trabajadores limita la responsabilidad del Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) en cuanto al pago de indemnizaciones por despido o extinción de contratos únicamente a las que sean reconocidas “como consecuencia de sentencia, auto, acto de conciliación judicial o resolución administrativa a favor de los trabajadores a causa de despido”,  no abonando dichas indemnizaciones de haber existido un acuerdo conciliatorio administrativo. Así, abonará las indemnizaciones cuando se concilien en vía judicial, denegándolas cuando se concilien en vía administrativa. Esta irrazonable distinción, fundada en el artificioso argumento de que la conciliación judicial ofrece mayores garantías jurídicas de cara a prevenir fraudes que la conciliación administrativa -y que perjudica, fundamentalmente, a los trabajadores que se presentan en el acto de conciliación sin asesoramiento jurídico- ha sido ratificada por el Tribunal Supremo en su Sentencia de 3 de octubre de 2016, (Rec. 3449/2014) y por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Sentencia de 21 de febrero de 2008, (C-498/2006).



[1] El artículo 4.1 del RD 2756/1979 dispone que “será requisito previo para la tramitación de cualquier procedimiento laboral, el intento de celebración del acto de conciliación ante el Instituto de Mediación, Arbitraje y Conciliación conforme al artículo 5 del Real Decreto-Ley 5/1979, de 26 de enero, inclusive en los supuestos a que se refieren los artículos 52,53 y 56 de la Ley de Procedimiento Laboral”.
[2] Órganos dependientes de la Administración Pública que puedan ser sustituidos, en aplicación del art. 63 LJS, por los que puedan crearse a través de acuerdos profesionales, convenios colectivos o de acuerdos de interés profesional, en el caso de trabajadores autónomos económicamente dependientes.
[3] En la redacción dada a la  Ley de Procedimiento Laboral de 1977 por el Texto articulado segundo de la Ley 24/1972, de 21 de junio, de Financiación y Perfeccionamiento de la Acción Protectora del Régimen General de la Seguridad Social (BOE nº 238 de 4 de octubre de 1973), se recogía (art. 51) un trámite obligatorio de intento de conciliación que se celebraba ante la entonces denominada “Organización Sindical” y  no aparecía la denominación “papeleta”, sino “demanda”.
[4] La redacción de este precepto no es muy afortunada en cuanto a la exigencia de los datos personales de la persona que presente la papeleta, ya que el documento podría presentarse por un tercero que no sea interesado; lo que sí resulta necesario, en todo caso, es que se exprese el lugar en el que se desee que se reciban las notificaciones que puedan resultar del procedimiento.
[5] El artículo 69 de la LJS, en la redacción dada por la disposición final de la Ley 39/2015 de 1 de octubre, de Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, señala que para poder demandar a las Administraciones Públicas o entidades de Derecho público vinculadas o dependientes de las mismas será necesario haber agotado la vía administrativa, “cuando así proceda”, de acuerdo con lo establecido en la normativa de procedimiento administrativo aplicable.  Con ello, y teniendo en consideración la regulación del art. 114 de la Ley 39/2015 en la que se establecen los actos que agotan o ponen fin a la vía administrativa, la doctrina más autorizada ha entendido que la excepción de conciliación o mediación previa obligatoria se aplica tanto a las Administraciones Públicas territoriales como al resto de entidades de Derecho público vinculadas o adscritas a las mismas.
[6] Los procedimientos de oficio se contemplan en el art. 148 de la LJS.
[7] Así, el art. 64.3 LJS dispone que “cuando por la naturaleza de la pretensión ejercitada pudiera tener eficacia jurídica el acuerdo de conciliación o de mediación que pudiera alcanzarse, aun estando exceptuado el proceso del referido requisito del intento previo, si las partes acuden en tiempo oportuno voluntariamente y de común acuerdo a tales vías previas, se suspenderán los plazos de caducidad o se interrumpirán los de prescripción en la forma establecida en el artículo siguiente”.
[8] El Tribunal Supremo se pronunció en la sentencia de 9 de diciembre de 2009 (Rec. 349/2008) sobre el derecho del solicitante a elegir dicha sede. Así, en dicha sentencia -que tuvo por fondo del asunto determinar si la excepción de prescripción de la acción había tenido lugar por entender el recurrente que dicho plazo no había quedado interrumpido por la presentación de la papeleta de conciliación ante órgano territorialmente incompetente- recuerda que la propia literalidad del art. 5.1 del RD 2756/1979 no permite una interpretación que restrinja posibilidad de elección contemplada en la norma siendo, además, el concepto de interesado, más amplio que el de demandado “estando fuera de duda que el actor ante un procedimiento de despido tiene interés en él”. Idéntico pronunciamiento se recoge en la sentencia de 8 de febrero de 2010 (Rec. 4353/2008).
[9] En la Sentencia del Tribunal Supremo de 9 de diciembre de 2009 (Rec. 349/2008), se afirma que el concepto de "interesado" es más amplio que el de "demandado" puesto que es aplicable a toda persona que ostenta un interés legítimo en un procedimiento y por ello está legitimada, para intervenir en él.
[10] Los documentos que los interesados dirijan a los órganos de las Administraciones Públicas podrán presentarse:
a) En el registro electrónico de la Administración u Organismo al que se dirijan, así como en los restantes registros electrónicos de cualquiera de los sujetos a los que se refiere el artículo 2.1.
b) En las oficinas de Correos, en la forma que reglamentariamente se establezca.
c) En las representaciones diplomáticas u oficinas consulares de España en el extranjero.
d) En las oficinas de asistencia en materia de registros.
e) En cualquier otro que establezcan las disposiciones vigentes.
[11] Artículo que dispone la obligatoriedad de hacer constar “la identificación del medio electrónico, o en su defecto, lugar físico en que desea que se practique la notificación”. Adicionalmente, los interesados podrán aportar su dirección de correo electrónico y/o dispositivo electrónico con el fin de que las Administraciones Públicas les avisen del envío o puesta a disposición de la notificación.
[12] “Los interesados podrán comparecer al acto de conciliación por sí mismos o por medio de representante, otorgándose esta representación mediante poder notarial, por comparecencia ante los órganos judiciales a que se refiere el artículo 10 de la Ley de Procedimiento Laboral, o ante las oficinas del Instituto de Mediación, Arbitraje y Conciliación”.
[13] Los plazos de caducidad son perentorios, no admitiéndose la reanudación inicial del cómputo del plazo ya  transcurrido; esto es, el plazo establecido por la norma se “congela” y no se renueva finalizada la suspensión del plazo de caducidad. Sin embargo, los plazos de prescripción no se suspenden sino que se interrumpen, reanudándose el cómputo inicial del plazo establecido una vez finalizada la interrupción.
[14] La Sentencia del Tribunal Supremo de 19 de septiembre (Rec. 1223/2015) a  la vez que efectúa un profundo análisis sobre la aplicabilidad a la papeletas de conciliación tanto de la legislación procesal laboral como de la legislación administrativa, ratifica la posibilidad de presentación de aquéllas ante las oficinas de correo, estimando que el plazo de caducidad de la acción ha de ser suspendido desde el día de presentación ante aquéllas.
[15] En las costas se incluyen expresamente los honorarios del letrado o graduado social de la parte que hubiera asistido al acto.
[16] Los límites de la sanción, que ha de ser ponderada con los principios de proporcionalidad, capacidad económica y perjuicios ocasionados,  se establecen entre ciento ochenta a seis mil euros y, en todo caso, a una tercer parte del litigio. La norma también recoge que en tales casos, y únicamente cuando el empresario sea el condenado,  se han de abonar los honorarios de los abogados y graduados de la parte contraria hasta un límite de 600 euros


martes, 24 de julio de 2018

Un juzgado reconoce el derecho de jubilación activa con el 100 por 100 de su base reguladora a un administrador social dado de alta en el Régimen Especial de Autónomos



Jubilación activa y autónomos administradores de empresas. Reconocimiento judicial de la totalidad de la pensión de jubilación activa compatible con el trabajo a un autónomo administrador único de su sociedad, cuando ésta contrata un trabajador por cuenta ajena

Un Juzgado de Oviedo reconoce el derecho de jubilación activa con el 100 por 100 de su base reguladora a un Administrador de una sociedad

1.- Planteamiento de la cuestión:

La Disposición final quinta de la Ley 6/2017, de 24 de octubre, de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo modificó los apartados 2 y 5 del art. 214 del texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social, aprobado por el Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, quedando redactados en los siguientes términos:

«2. La cuantía de la pensión de jubilación compatible con el trabajo será equivalente al 50 por ciento del importe resultante en el reconocimiento inicial, una vez aplicado, si procede, el límite máximo de pensión pública, o del que se esté percibiendo, en el momento de inicio de la compatibilidad con el trabajo, excluido, en todo caso, el complemento por mínimos, cualquiera que sea la jornada laboral o la actividad que realice el pensionista. 

No obstante, si la actividad se realiza por cuenta propia y se acredita tener contratado, al menos, a un trabajador por cuenta ajena, la cuantía de la pensión compatible con el trabajo alcanzará al 100 por ciento. 

La pensión se revalorizará en su integridad en los términos establecidos para las pensiones del sistema de la Seguridad Social. No obstante, en tanto se mantenga el trabajo compatible, el importe de la pensión más las revalorizaciones acumuladas se reducirá en un 50 por ciento, excepto en el supuesto de realización de trabajos por cuenta propia en los términos señalados en el párrafo anterior.»

«5. Finalizada la relación laboral por cuenta ajena, se restablecerá el percibo íntegro de la pensión de jubilación. Igual restablecimiento se producirá en el caso de cese en la actividad por cuenta propia cuando no se dieran las circunstancias señaladas en el párrafo segundo del apartado 2.»

2.- Criterio del Instituto Nacional de la Seguridad Social

El criterio del Instituto Nacional de la Seguridad Social ha sido que la mejora establecida en el segundo apartado del modificado art. 214.2 del TRLSS no resultaba aplicable a los pensionistas de jubilación incluidos en Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) por su condición de societarios, ya que en estos supuestos la inclusión en el RETA viene determinada por su condición de consejero, administrador, socio o comunero de una entidad con personalidad jurídica propia distinta a la del trabajador autónomo siendo necesario que el trabajador por cuenta ajena sea contratado por la persona física inscrita en el RETA no cumpliendo dicha exigencia cuando el trabajador por cuenta ajena hubiera sido contratado por la empresa del autónomo-administrador social.

Sin embargo, este criterio ha sido rebatido por el Juzgado de lo Social  Nº 3 de Oviedo  que ha emitido una sentencia el pasado día 17 de julio de 2018 reconociendo a un Administrador Único de una Sociedad Limitada dado de alta en el RETA el derecho a disfrutar de Jubilación Activa en cuantía del 100% de su base reguladora, pese a que el trabajador por cuenta ajena estaba contratado por la Sociedad Limitada y no por el administrador dado de alta en el RETA.

3.- Argumentos del Juzgado de lo Social para reconocer el derecho

Los argumentos del Juzgado para reconocer este derecho, se recogen en el Fundamento de Derecho Segundo de la sentencia dictada cuyo contenido se expone a continuación:

“SEGUNDO.- Los párrafos 2º y 3º del nº o apartado 2 del art. 214 LGSS, así como el apartado 5 de dicho precepto fueran redactados de conformidad con la D. Final 5ª de la Ley 6/2017, de 24 de octubre, de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo.
Dicha Ley en su preámbulo reconoce que articula una serie o conjunto de medidas con las que va a ser posible continuar incidiendo en la mejora de las condiciones en que desarrollan su actividad los trabajadores autónomos, garantizando sus expectativas de futuro y, con ello, la creación de riqueza productiva en nuestro país, que constituye una de las señas definitorias del colectivo de emprendedores. Se revela así la voluntad o finalidad de la norma de facilitar la continuidad de los negocios regentados por autónomos que a su vez dan empleo ajeno.

En atención a ello, a que la interpretación que realiza la entidad gestora es restrictiva y no resultante del tenor literal de la norma, contraria a la finalidad legislativa misma de ella, procede acoger la pretensión demandante reconociéndole el derecho a lucrar la pensión de Jubilación Activa en el 100% de su base reguladora mensual acreditada de 1.221,84 € desde los efectos económicos reconocidos de 1.11.2017.

El precepto 214.2 LGSS no excluye a los trabajadores encuadrados obligatoriamente en el RETA por mor de lo previsto en el artículo 305.2 apdo b) del mismo texto legal, caso del demandante, sólo excluye de la totalidad del articulado (214) a los trabajadores que desempeñen un PT o alto cargo en el sector público (apartado 7º.2del art. 214 LGSS).

Por otro lado, no se puede utilizar idéntico argumento para denegarle el reconocimiento de la pensión (incluso en el 50%) caso de la resolución de 27-11-17, y luego con acogimiento parcial de la R. Previa pasar a reconocérsele la cuantía de la jubilación activa en el 50%, pero denegándosele el 100% de su cuantía con soporte en el mismo argumento inicial: «“tener contratado” sólo puede imputarse a una persona individual» y en el caso del demandante “su inclusión en el citado régimen especial (RETA) viene determinada por su condición de socio mayoritario y administrador único de la mercantil ……………. S.L., entidad con personalidad jurídica distinta a la del trabajador autónomo individual”. Se le dice que, en consecuencia, los trabajadores por cuenta ajena de la citada mercantil no están contratados por Usted como autónomo individual, sino por la entidad con personalidad jurídica propia y diferente o distinta en que desarrolla el actor su actividad, siendo ésta la que actuó como empresario ante la TGSS.

A lo anterior, cabe añadir que la propia DGOSS en Consulta de 21.3.18, aun sin valor vinculante pero con carácter orientativo o ilustrativo, ha sentado que los trabajadores autónomos cuyo alta en el RETA derive –como es el supuesto- de lo prevenido en el art. 305.2 de la LGSS, apartados b), c), d), e) y l), y acrediten haber celebrado un contrato de trabajo por cuenta ajena actuando como empresarios, podrán acceder a la nueva modalidad de jubilación activa contemplada en el artículo 214.2 del TRLGSS. 

Obviamente en el caso del art. 305.2 b) LGSS, aun siendo el administrador único y socio mayoritario persona física encuadrada en el RETA por razón de dicha condición, y ello con carácter obligatorio legalmente, quien contrata por cuenta ajena es la sociedad limitada que tiene personalidad jurídica propia y separada de la de sus socios o partícipes, haciéndolo representada en dicho acto de contratación por la persona física administradora única de la mercantil, por lo que no cabe exigir en el caso que el administrador único de la mercantil limitada, hoy demandante, con funciones de gerencia y dirección de la mercantil, contrate con tercero por cuenta ajena como persona física o empresario individual, por cuanto su inclusión obligada en el RETA no viene dada por dicha última condición”

lunes, 23 de julio de 2018

Resolución de compraventa de un vehículo en aplicación del régimen legal de garantía establecido por la legislación de consumo

  • Condenado un concesionario de Siero (Asturias) a devolver 23.000 euros euros a un cliente 
  • El juzgado considera probado que el coche sufría averías anormales continuadas sin que la empresa vendedora detectara su origen
El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 3 de Siero ha condenado a un concesionario de Siero (Asturias) a devolver a un cliente 22.252 euros más los intereses por la venta de un coche que sufrió "abundantes y anormales" averías sin que se llegara a detectar su origen. Además, se ha tenido que hacer cargo del vehículo y de todos los gastos y costas judiciales.

El demandante, según refleja la sentencia, adquirió el vehículo el 23 de junio de 2016 y desde ese momento y hasta que interpuso la demanda, el 28 de julio de 2017, se vio obligado a llevar el coche al taller hasta en trece ocasiones, por distintas averías en los altavoces, humedad en una pinza de freno, fallar la conexión con Android Auto, y varias veces, por pérdida de potencia del motor.

"La entidad demandada actuó intentando determinar el origen de la avería, sin que haya podido determinar la causa primigenia o generatriz", consta en el fallo. Y resalta que la demandada, "con toda su ingente capacidad técnica, no haya podido precisar de forma correcta la causa de tal aviso, lo que motiva que niegue su existencia y sea la base de su contestación a la demanda".

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          , 18,62 KBJdo 1ª Instancia 3 Pola de Siero 14 junio 2018

domingo, 22 de julio de 2018

Escasa cobertura pública, falta de control y publicidad salvaje han abonado el modelo de dentistas de bajo coste como el de iDental




  • La inspección de centros sanitarios que debe impedir casos como el de esta cadena recae en las comunidades autónomas
  • Las clínicas utilizan publicidad agresiva de ofertas y descuentos para captar clientes al no existir una regulación. "El vacío crea confusión e inseguridad", dicen los colegios profesionales 
  • La sanidad pública limita la atención en adultos a casos agudos como las infecciones o las extracciones
La débil cobertura pública para la salud dental en España ha abonado un negocio de bajo coste en el que se compite a base de ofertar tratamientos cada vez más baratos. La falta de un control más férreo de la actividad por parte de las administraciones y la rienda suelta a una publicidad sin cortapisas, según cuentan desde el sector odontológico,  han permitido casos como el de iDental, cuyos afectados se manifestaban el pasado miércoles frente al Ministerio de Sanidad. Un patrón que se viene repitiendo ya sea con el caso de Corporación Dermoestética, el de Funnydent o Vital Dent: dentistas low cost para captar clientes a riesgo de dejar tirados a los pacientes.

Mientras, las fiscalías de Aragón, Asturias, Andalucía, Castilla y León o Canarias investigan qué ha pasado con iDental, extendido por numerosas provincias. "Para empezar, hay que reforzar los controles de seguridad y control", dice el diputado socialista de Madrid, José Manuel Freire, que impulsó el Plan de Atención Bucodental del País Vasco cuando fue consejero de Sanidad en Euskadi. Pero, al reflexionar sobre el caso iDental, añade inmediatamente "el asunto de la publicidad. Que aquí fue claramente fraudulenta". La cadena presentaba sus servicios casi como un opción apoyada con fondos públicos, según han contado algunos afectados.

Las competencias de control están en los gobiernos autonómicos. Las inspecciones de centros sanitarios han fallado en los casos de estas cadenas de clínicas dentales. Porque, además, escándalos como el de Funnydent o iDental comparten patrones: los clientes empiezan a tener problemas y se quejan, pero la bola sigue creciendo un tiempo. Por ejemplo, el Consejo Andaluz de Dentistas ya exigía en octubre de 2017 a iDental que "cumpla con el código ético de la profesión" ante la avalancha de quejas que estaba llegando a los colegios profesionales de esa comunidad.

¿Cómo se nutren estas cadenas? Una vez que la sanidad pública no ha desarrollado un sistema completo para atender los problemas bucodentales, estas clínicas han aplicado una estrategia de publicidad agresiva. Los colegios de dentistas han incidido mucho en que un asunto como la atención a la salud de la boca y la dentadura no puede regularse como cualquier otra actividad económica a la hora de anunciarse: mayores ofertas, más descuentos, préstamos para financiar los tratamientos...

El presidente del Consejo General de Dentistas, Óscar Castro, entiende que "se debe instaurar una normativa clara y específica en todo el Estado que regule adecuadamente este tipo de publicidad para que la información que se difunda sea rigurosa, veraz, comprensible, basada en la ética y el conocimiento científico y que no confunda al ciudadano con mensajes engañosos".


Clínica iDental



Engaño y confusión inciden especialmente en "aquellos que tienen más necesidad, es decir, los más pobres", abunda Freire. "En los países desarrollados, España es de los que más abandonada tiene la sanidad dental, sobre todo a las rentas más bajas", subraya el exconsejero regional.

La cartera básica de servicios de la sanidad pública es muy tenue en cuanto a la atención de los adultos: se centra sobre todo procesos agudos, es decir, inflamaciones y extracciones. Para los menores, las comunidades autónomas han ido incorporando planes desde que lo estrenara el País Vasco. Planes en los que los fondos públicos cubren la asistencia continuada: Navarra, Murcia, Extremadura, Madrid, Catalunya, Aragón entre otras, articulan planes de este estilo.

Burbuja liberal

Pero, la escasa cobertura pública para adultos deja el campo abierto para la asistencia privada. Si a eso se le añade una nula regulación publicitaria, el resultado ha dado, según el Consejo de Dentistas, "una burbuja" regida por un "modelo de negocio ultraliberal".

En España "no existe una norma que regule específicamente la publicidad que pueden hacer los dentistas o las clínicas dentales", explica el Colegio de Odontología y Estomatología de Catalunya. Según este organismo, "este vacío genera confusión e inseguridad". La cuestión es que, de esta manera, la única herramienta que se está aplicando son los códigos deontológicos de los colegios profesionales, pero se topan con el problema de que solo se aplican "a las personas colegiadas quedando fuera de su alcance las clínicas dentales entendidas como negocio, que muchas veces no son propiedad de dentistas", lamenta el COEC.

La regulación no es un campo virgen en Europa. Bélgica, Eslovaquia, Islandia, Francia, Grecia, Luxemburgo, Malta, Portugal o Rumanía no permiten publicidad sobre clínicas o prácticas dentales, según la recopilación del Consejo Europeo de Dentistas. Aunque en casi todos los estados europeos pueden recurrirse a páginas web de estos negocios. También existen países cuya regulación limita la publicidad de esta actividad como en Suecia o Alemania. Mientras, bolsas de personas con tratamientos a medio hacer o, directamente mal realizados, surgen recurrentemente. En este último caso de iDental, el Ministerio de Sanidad ha anunciado este jueves que va a trasladar a la Fiscalía toda la documentación sobre la cadena. 

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viernes, 20 de julio de 2018

La obligación de informar la aseguradora al tomador del seguro de las condiciones del contrato y de sus modificaciones

La obligación de informar la aseguradora al tomador del seguro de las condiciones del contrato y de sus modificaciones

Magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Se analiza la necesidad de la buena información de las aseguradoras a los tomadores de seguro en las condiciones reales del contrato de seguro que desean pactar, sus limitaciones y las modificaciones que puedan producirse y los plazos de ejercicio de la resolución.

1. Introducción

Desde que el Tribunal Supremo puso el énfasis y acento en la necesidad de mejorar la información a los consumidores a la hora de contratar productos bancarios se hace necesario que esta exigencia de atender a los consumidores con una información detallada acerca del producto que está contratando en cualquier tema y de aquellas circunstancias que le pueden suponer un límite en las expectativas que pensaba que estaba contratando. Pero no ya bajo la fórmula de la teoría de que las cláusulas limitativas de responsabilidad de la aseguradora deben ser expresamente firmadas por el tomador de la póliza en los contratos de seguro con independencia del clausulado general de la misma, sino que estas mismas condiciones generales deben ser explicadas con mayor detalle, huyendo del oscurantismo que en muchas ocasiones existe en la suscripción de contratos con consumidores, y que ha dado lugar a una rica doctrina jurisprudencial. Se pone el acento, por ello, en la necesidad de fijar y arrojar más luz en la información precontractual que se le ofrece al consumidor antes de concertar la póliza de seguro, dado que en los distintos contratos no se trata de que el tomador contrate un seguro de vida, de daños, de responsabilidad civil, de salud, etc, sino que conozca qué está asegurando en cuanto al contenido de la cobertura y por qué está pagando, o bien si otra aseguradora le ofrece las prestaciones que está buscando, y las limitaciones que tiene la póliza, o sus cambios, por ejemplo, la elevación de las primas que debe pagar anualmente el tomador en el caso de que la póliza las contemple, ya que son cláusulas que «deben explicarse» con tranquilidad al tomador y no firmar sin más la póliza en la creencia de este de que está cubriendo una serie de coberturas que, luego, en realidad pueden no ser tales. ¿Podría darse lugar, nos planteamos, a una cláusula contractual nula en un contrato de seguro ante la negativa a cubrir un evento que el asegurado consideraba que era objeto de cobertura cuando firmó la póliza por «falta de transparencia e información» como en las resoluciones dictadas ante la cláusula suelo?

Por ello, la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha reaccionado últimamente aclarando la necesidad de potenciar la transparencia y la información en los contratos que conciertan los bancos con los consumidores, en aras a evitar defectuosas interpretaciones de lo que estaban firmando, no siendo válida la mención que la entidad bancaria refería de que el contrato estaba firmado por el consumidor, y constaba que había sido leído, ya que es sabido que este tipo de contratos no suelen leerse por los consumidores, quienes suelen «confiar» en la buena fe de quien se lo presenta a su firma, en la creencia de que no se le iban a ocultar datos relevantes que en un momento dado podrían causarle un gran perjuicio.

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