miércoles, 5 de septiembre de 2018

Alimentos. Toda la verdad sobre los superalimentos



Bayas de goji, semillas de chía, cacao, diente de león… ¿Son la panacea dietética, un negocio de moda o simplemente productos saludables?



La lechuga o los melocotones ya no son los de antes. Es tema de conversación de muchas mesas y una realidad que ha impulsado una nueva generación dietética: la de los llamados superalimentos. Ante la disminución de la calidad de los productos que consumimos hoy y, en ocasiones, frente a una dieta desequilibrada, la llegada de aquellos nuevos productos con propiedades extra es más que bienvenida: son altos en antioxidantes (como las vitaminas A, C y E) y fitonutrientes (sustancias químicas presentes en las plantas que aportan color y sabor, además de protección contra la radiación ultravioleta y las infecciones), eliminan tóxicos, contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas o cáncer y combaten el envejecimiento. Es común oír hablar de las excelencias de productos tradicionales en la dieta mediterránea, como el aceite de oliva, el tomate o los frutos secos, pero también, en los últimos tiempos, de otros más exóticos a los que les atribuimos el mérito, a pesar de su tradición milenaria: la quinoa o las semillas de Chía. 

Mito o realidad 

¿Nos encontramos ante medicinas capaces de curar y blindar contra posibles dolencias o es esta una tendencia pasajera y sin fundamento, producto del interés popular del mundo desarrollado por la dieta y la salud? Una simple búsqueda en Google del término "superalimento" revela que cada 0,13 segundos alguien rastrea el término en Internet. Además, nos devuelve alrededor de 700.000 resultados. Sin embargo, a pesar de su omnipresencia, ni siquiera existe una definición oficial. “Es una moda o tendencia; no es algo nuevo. Hace años la comunidad científica denominó ingredientes funcionales a nutrientes que, sin aportar calorías, preservan la salud, como el aceite de oliva, los frutos secos o el pescado azul. De ahí viene el nombre de superalimento, pero este no goza de evidencia científica. Es cierto que son productos muy saludables, pero no curan: solo preservan la salud”, explica Irene Bretón, de la junta directiva de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

El nutricionista del Centro de Investigación Biomédica del Instituto Carlos III, Manuel Moñino, coincide en el planteamiento: “No existe el superalimento como tal. En su lugar, más que de productos concretos, hablaría de superpatrones alimentarios: no existen pruebas suficientes de sus pretendidas propiedades, de hecho, la mayoría de los estudios han realizado sus ensayos in vitro en animales y utilizan dosis muy elevadas de las sustancias, imposibles de alcanzar con la ingesta habitual del alimento que las contiene. Aún así, es cierto que algunos son ricos en sustancias bioactivas o en fitoquímicos que están en el foco de investigación, como los flavonoides, carotenos, compuestos fenólicos…”. 

Para este experto, la mejor manera de aportar al organismo todo lo necesario es a través de una alimentación variada y rica en legumbres, frutas, verduras, frutos secos y cereales integrales, pero sin consumir en exclusiva un producto concreto ni excluyendo otros, como huevos o lácteos. “Lo que aporta salud o la quita son los patrones alimentarios y no el comer algo aislado. Recordemos que algunas modas sirven para hacer grandes negocios, que se lo pregunten a quienes comercializaron el salvado de avena, los zumos exóticos o las bayas de Goji, estas últimas consideradas por muchos un superalimento cuando no son diferentes de nuestras pasas”, denuncia.

En España nos gastamos más de 2.000 millones de euros en productos milagro, lo que a veces incluye extractos de supuestos alimentos prodigiosos. Según Nieves Palacios, especialista en Endocrinología y en Medicina del Deporte, a la hora de confeccionar un menú no podemos olvidar las frutas, frutos secos y verduras cada día y legumbres y pescado dos o tres veces por semana. En 2013 The New England Journal of Medicine publicó los resultados de un estudio del Instituto Carlos III de Madrid en pacientes con riesgo cardiovascular que probaba que una dieta rica en dichos alimentos y baja en refrescos, carnes grasas y dulces reducía hasta un 30% la probabilidad de infartos. “El concepto “súper” se ha hecho popular en los medios de comunicación, no entre los científicos”, apostilla. 

Exóticos y tradicionales 

Lo que sí parece claro es que incorporar estos alimentos dentro de una dieta equilibrada es beneficioso tanto a nivel físico como emocional. “Produce bienestar emocional y aumenta la autoestima, al ser conscientes de que estamos cuidando nuestro cuerpo”, defiende Itxasne Tomé, psicóloga de la Clínica Ravenna. 

Pero, ¿qué comprar? ¿Los aclamados de toda la vida o aquellos de nombre extravagante ensalzados por periodistas y blogueros? Paula Rosso, nutricionista del centro médico Lajo Plaza, no apuesta por ambas opciones. “Algunas tradiciones vuelven al descubrir científicamente sus principios activos: por ejemplo los ácidos Omega-3 y la fibra de la chia, protectores del sistema cardiovascular, o las bayas de Goji, excelente antioxidante, aunque se ha descubierto que algunas presentaciones comerciales incorporaban altas dosis de metales pesados, de ahí que se vendan menos. En cualquier caso, los alimentos mediterráneos también son una fuente de vitaminas y la base de nuestra alimentación”, añade la nutricionista. Y tan importante como qué tomar es la forma de hacerlo. “Este tipo de alimentos hay que consumirlos crudos o con la menor cocción posible y tomarlos muy frescos para que mantengan sus propiedades intactas y facilitarle al organismo su absorción”, aclara la doctora Rosso. Y nada de atiborrarse de uno y marginar todos los demás. “Hay evidencias de que las frutas y verduras combaten el cáncer, pero en forma de suplementos –es decir, aislando sus nutrientes fuera– no producen los mismos efectos. Incluir grandes dosis de un nuevo comestible puede suponer a veces desplazar otros de mayor valor nutricional y contribuir así al desequilibrio”, advierte Manuel Moñino. 

¿Y qué hay de los transgénicos? 

Aunque no hay correlación, algunos de los superalimentos pueden ser transgénicos, como el tomate morado. Curiosamente, somos el país europeo donde existen más cultivos de alimentos genéticamente modificados (es decir, producidos a través de la manipulación de secuencias de su ADN): en 2013 se cultivaron 138.543 hectáreas, un 19% más que el año anterior, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA). También somos el único país del continente en el que hay cultivos de este tipo a gran escala. Esto choca con una creciente incertidumbre social: ¿los transgénicos son malos? Por un lado, las empresas biotecnológicas implicadas se retiran en Europa por falta de mercado y, por el otro, hay una parte de la población que los rechaza, supuestamente porque necesitarían más productos químicos, ocasionarían una pérdida de biodiversidad y perturbarían el equilibro ecológico, además de poseer dudosas condiciones nutricionales. Sin embargo, para la doctora María José Barba, experta en nutrición, hasta ahora no se han observado daños notables en la salud o el medio ambiente. “En realidad los transgénicos usan menos cantidad de pesticidas o aquellos menos tóxicos, por lo que se reducen la contaminación del agua y los daños sobre la salud de los trabajadores, y suponen la vuelta a los campos de los insectos beneficiosos, incluso se aumenta la resistencia a ciertas plagas. Pero eso no significa que no pueda haber efectos negativos, y por ello los científicos piden una prudente valoración de cada producto antes de su difusión”, aclara. Además, la experta sugiere que, en los alimentos que contengan algún ingrediente transgénico, sea exigible advertirlo en su etiqueta, ya que una información completa permitirá que escojamos lo que comemos.

Para saber más:

viernes, 31 de agosto de 2018

Información al consumidor sobre consumo de combustible y emisiones de CO2 de automóviles, a partir de mañana se aplicará la WLTP, nuevo procedimiento de medición.




A partir de mañana todos los vehículos ligeros que se matriculen en la Unión Europea deberán ajustarse al nuevo procedimiento de medición de consumo y emisiones en vehículos ligeros, la WLTP (World Harmonised Light Vehicles Test Procedure).

Con ello se trata de conseguir una medición más exacta que ofrezca cifras más reales y ajustadas a la cantidad de combustible consumido y emisiones de CO2.

La Recomendación (UE) 2017/948 de la Comisión, de 31 de mayo de 2017, relativa al uso de los valores de consumo de combustible y de emisiones de CO2, recoge que el WLTP proporcionará unas condiciones de ensayo más estrictas y unos valores de consumo de combustible y de emisiones de CO2 más realistas en beneficio de los consumidores. Los requisitos relativos a la información de los consumidores deben incluir la manera en que quedará garantizado el acceso a esa información mejorada a fin de permitir la comparabilidad necesaria de dicha información. También establece que “para garantizar que los consumidores comprendan perfectamente las implicaciones del cambio al WLTP, todas las partes interesadas deben organizar campañas de información o colaborar en ellas a fin de explicar las repercusiones del nuevo procedimiento de ensayo sobre los valores de consumo de combustible y de emisiones de CO2. En dichas campañas de información deben participar autoridades públicas, organizaciones de consumidores, organizaciones medioambientales y no gubernamentales, asociaciones de conductores y la industria del automóvil”.

El WLTP cuya implantación se aceleró tras el escándalo del “Dieselgate”, arrojará unos resultados mucho más reales en cuanto a las mediciones de valores de consumo y emisiones. La situación anterior distaba de ser coherente toda vez que la organización International Council on Clean Transportation (ICCT) alertaba de que el consumo de los vehículos nuevos en Europa se situaba de media un 42% por encima de lo que homologaba el fabricante. Ello implicaba un gasto adicional de 400 euros al año en combustible para los usuarios. En cuanto emisiones de CO2 la situación no era menos escandalosa, arrojando las mediciones efectuadas menos de la mitad de las emisiones reales. Estas diferencias de consumo entre el valor homologado y el real se producían al medir en laboratorios -y no en conducción real-  los datos indicados por las industrias automovilísticas, datos que luego son trasladados a los consumidores.

Esta discordancia de valores es lo que trata de atajar la  a que el dato indicado por el fabricante se mide en laboratorios y no en conducción real. Y esto es lo que trata de solucionar la WLTP que proporcionará información más precisa  fiable al consumidor ya que las pruebas se efectuarán en condiciones de ensayo más realistas.

Sin embargo, no todo son ventajas ya que una consecuencia de la aplicación del nuevo método de medición será que los vehículos, al arrojar mayores cifras de consumo, pasaran a tributar en un tramo más alto en el impuesto de matriculación, afectando por ello a su precio de venta. 

Artículos relacionados: 

jueves, 30 de agosto de 2018

Nueva alarma entre los ecologistas asturianos por las emisiones de contaminantes cancerígenos

 

A pesar de las reiteradas advertencias a lo largo del verano, los ecologistas denuncian que continúan sin ver medidas concretas para atajar la preocupante dinámica de emisiones en las principales ciudades asturianas. Ayer se registró un nuevo record cuando se incrementaron las emisiones de benceno un 1.100%.



La Coordinadora Ecoloxista d’Asturias y el Colectivo Ecologista de Avilés han denunciado un nuevo episodio de los alarmantes niveles de contaminación a los que se ve sometida la región. Según denuncian en un comunicado, en la tarde de ayer mientras miles de personas acudían a un evento en el centro Niemeyer, las emisiones del cancerígeno benceno se dispararon un 1.100 %.

En la estación de Llaranes que es la única que da datos en continuo del benceno en la comarca, que está a contraviento y por tanto no mide la realidad de la contaminación, se pasó de 0,76 µg/m3 de benceno a un valor de  14,32 µg/m3  y presentaba ayer por la tarde  una media de las últimas 24 horas de 5,8 µg/m3 .

Hay que recordar que el valor de referencia anual en las guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) está 1,7 µg/m3 de media anual, la tolerante  normativa española está en 5 µg/m3  de media anual para este peligroso contaminante. La Comisión Europea recomienda un valor de 0 para este contaminante. 
La exposición excesiva al benceno es perjudicial para el sistema inmunitario, aumentando las probabilidades de contraer infecciones y posiblemente disminuyendo las defensas del cuerpo contra el cáncer.

Los picos de contaminación atmosférica disparan los ingresos hospitalarios en Asturias por enfermedades respiratorias de acuerdo a un estudio epidemiológico realizado por la consejería de Sanidad del Principado de Asturias y presentado el año 2016. Dicho estudio es concluyente y viene a demostrar que la Consejería de Infraestructuras viene falseando la realidad cuando niega la contaminación del aire y sus efectos en la salud de los asturianos. “El Principado en su coladero del nuevo protocolo de la contaminación no ha regulado los picos de contaminación de ningún contaminante, ha excluido el benceno entro los regulados, a pesar de que  los investigadores y médicos reconocen la gravedad que suponen estos picos, una demostración de la falta de interés en la salud de la gente del Gobierno Regional”, denuncian desde los colectivos ecologistas.


martes, 28 de agosto de 2018

¿Se refuerzan las competencias de Consumo?. El Gobierno aprueba la creación de la Dirección General de Consumo. Funciones



El último Consejo de Ministros  ha aprobado una nueva estructura orgánica del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social cuya principal novedad es la creación de la Dirección General de Consumo, dependiente de la Secretaría General de Sanidad y Consumo.

Pese a que , con esta medida que traslada las competencia en cuanto a materia de defensa del consumidor desde la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición -convertida ahora en Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición- a la nueva Dirección General, se pretende “dar un nuevo impulso a la actividad dirigida a garantizar un nivel elevado de protección y promoción de los derechos de los consumidores y usuarios, mediante una gestión eficiente y transparente, a través de una unidad de criterio que contribuya a reforzar la confianza de los ciudadanos”, según fuentes del ministerio, entendemos que la misma obedece al reconocimiento de la disfuncionalidad que supone la integración en la estructura estatal de las competencias en materia de defensa del consumidor en la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, en la que Consumo no dejaba de ser "la hermana pobre", de la misma. 

En la práctica, es una vuelta a la estructura tradicional en la que las competencias de consumo se ejercían a través del Instituto Nacional de Consumo, INC, organismo autónomo administrativo, con la diferencia que ahora la Dirección General de Consumo ya no posee la autonomía funcional propia de todo organismo autónomo, sino que pasa a integrarse en la estructura central del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, a través de la Secretaría General de Sanidad y Consumo en la que se integra con otras tres Direcciones Generales (Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación, Dirección General de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia y Dirección General de Ordenación Profesional) con lo que el peso de Consumo, de nuevo, parece relegarse un segundo plano. 

Así, Consumo pasó de ser un Organismo Autónomo (INC) a integrarse dentro de otro Organismo Autónomo (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición), convirtiéndose ahora en una mera Dirección General, dentro de una Secretaría General.

La nueva estructura se regula en el Real Decreto 1044/2018, de 24 de agosto, publicado en el BOE de 25 de agosto, cuyo artículo 10 dispone las funciones de la Dirección General de Consumo, que son las siguientes y que en la práctica coinciden con las que anteriormente se desarrollaban: 

a) Proporcionar a los ciudadanos, a las administraciones públicas y a los agentes sociales implicados, información, formación y educación sobre los derechos que asisten a los consumidores.

b) La ordenación y gestión del Sistema Arbitral de Consumo, así como la acreditación y comunicación a la Comisión Europea de las entidades de Resolución Alternativas de Litigios de acuerdo con lo previsto en la Ley 7/2017, de 2 de noviembre, por la que se incorpora al ordenamiento jurídico español la Directiva 2013/11/UE, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo de 2013, relativa a la resolución alternativa de litigios en materia de consumo.

c) La realización de análisis, pruebas y ensayos sobre la calidad y seguridad de los bienes y servicios de uso común, así como, la formación y el asesoramiento de personal técnico en el desarrollo de métodos analíticos.

d) El fomento y registro de las asociaciones de consumidores y usuarios de ámbito supra autonómico, así como el apoyo y sostenibilidad del Consejo de Consumidores y Usuarios.

e) La gestión y mantenimiento de la Red de Alerta de productos de consumo no alimenticios.

f) Apoyo a los órganos de cooperación existentes con las Comunidades Autónomas y a la Conferencia Sectorial de Consumo.

g) Cooperación y apoyo técnico a los servicios de consumo de otras administraciones públicas, relativas al control oficial de bienes y servicios, para luchar contra el fraude, proteger la salud y los intereses económicos de los consumidores.

h) La preparación de acciones judiciales en defensa de los intereses de los consumidores, de conformidad con lo previsto en la legislación vigente.

i) Elaboración de propuestas de ordenación y normativas en materia de bienes y servicios que faciliten y mejoren la protección de los consumidores, así como informar preceptivamente proyectos de normas o propuestas que afecten a los servicios o productos
de consumo.

j) Coordinar e informar sobre la posición de España y, en su caso, representarla, en los asuntos que afectan a la protección de los consumidores ante la Unión Europea y en los organismos internacionales.

k) La promoción y realización de estudios y/o encuestas en relación con el consumo, así como impulsar y participar en el seguimiento de los códigos de autorregulación que se acuerden en materia de publicidad, especialmente dirigidos a menores, y cualquier otro que se adopten para la mejora de los bienes y servicios prestados a los consumidores y usuarios.

l) Asumir la gestión y sostenibilidad del Centro Europeo del Consumidor en España, integrado en la ECC-Net de la Unión Europea.

m) Gestión y mantenimiento del Registro Estatal de empresas de intermediación financiera, incluyendo la instrucción y resolución de procedimientos derivados de las infracciones relacionadas con el mismo. 

Esta última función, limitada a la gestión y mantenimiento de un registro administrativo, es la única referencia a la competencia sancionadora que posee la Dirección General de Consumo, renunciando por ello a ejercer la necesaria potestad sancionadora en los casos en los que los hechos infractores sobrepasen manifiestamente el ámbito territorial de una Comunidad Autónoma afectando al todo el territorio nacional.

De la Dirección General de Consumo dependen la Subdirección General de Coordinación, Calidad y Cooperación en Consumo y la Subdirección General de Arbitraje y Derechos del Consumidor, anteriormente adscritas al organismo autónomo Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición.

miércoles, 22 de agosto de 2018

La calidad del aire de Asturias. Mentiras y medias verdades



La semana pasada en su visita a la Feria de Muestras de Gijón -y sin que aparentase delirio alguno causado por el calor imperante o intoxicación por excesiva ingesta de bebidas alcohólicas- el Viceconsejero de Medio Ambiente, Benigno Fernández Fano afirmó que  "Los asturianos respiramos aire enmejores condiciones que los alemanes, los madrileños y los barceloneses" asegurando que "La calidad del aire en el área central es muy buena. Sólo tenemos problemas puntuales en algunas zonas". 

Esa afirmación sería cierta si se considerase el aire de la zona rural de Asturias y se comparase con el de las grandes ciudades de Alemania, Madrid o Barcelona; ahora bien, si se analizan los parámetros de contaminación aérea de la zona central de Asturias, en la que se sitúa el 80 % de la población, dicha afirmación es toda una provocación, partiendo de la base de que el Sr. Viceconsejero de Medio Ambiente no puede ignorar los escalofriantes datos en cuanto a la contaminación del aire que respiramos en la zona central de Asturias.

Asi, no puede desconocer que el año pasado la media en cuanto a niveles de benceno (potente cancerígeno) de la estación de Trubia -Oviedo-  fue de 5,06 microgramos por metro cúbico, cuando el valor de referencia anual en las guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 1,7 de media anual.

Tampoco que el 14 de febrero de 2018, se llegó a un pico de 26,6 µg/m3 de benceno no siendo infrecuente los días en que los niveles de benceno y tolueno se disparan.

En cuanto a la contaminación por dióxido de azufre, tampoco puede ignorar que todas las estaciones del concejo de Oviedo superaron el limite de 20 µg/m3 en 24 horas fijado por la OMS, destacando 31 días con desbordes en Tudela Veguín y 27 días en Olloniego. En cuanto a la contaminación por óxidos de nitrógeno también se superó ese límite numerosos días en las estaciones de La Corredoria (76 días) y El Cristo (38 días). En el caso de partículas de menos de 10 micras de polvo, cenizas, hollín..., las PM10, las estaciones de La Corredoría, El Cristo, el Naranco, Olloniego y Tudela Veguín superaron el valor recomendado como máximo por la OMS.

En fin, en Gijón la situación de contaminación resulta tan evidente que la propia Comisión Europea ha amenazado con sancionar a España por el elevado nivel de micropartículas en el aire y la propia Administración autonómica ha alertado a las personas que respiran con dificultad a evitar "actividades al aire libre que impliquen esfuerzo físico".

Desde luego, viendo estos datos sobre las zonas en las que se asientan la mayoría de la población no estamos en Asturias para lanzar voladores,  ni para presumir de una calidad del aire envidiable.

Esas atrevidas afirmaciones han sido evaluadas por la Coordinadora Ecoloxista d´Asturias quien, ha emitido el siguiente comunicado de prensa:

El Principado vuelve a mentir sobre la calidad de aire que respiramos

Los ciudadanos asturianos afectados por la contaminación del aire ante las sorprendente declaraciones del Viceconsejero de Medio Ambiente del Principado, nos sentimos consternados al oírles hablar de la “muy buena” calidad del aire en Asturias, comparándonos con otras zonas de Europa o ciudades como Madrid y Barcelona con sus propios problemas de contaminación, muy diferentes a los asturianos, muy alejados de los malos valores que padecemos  en partículas de menos de 10 micras y de benceno, de acuerdo a los datos oficiales que se pueden ver en la calidad del aire de España y de Europa.

 También, nos sorprende que presenten una nueva aplicación para ver la contaminación en las estaciones medioambientales de Asturias llamada AsturAire y un protocolo de contaminación, la cual deja mucho que desear en vista de la su falta de objetividad.  La app nos da el promedio de contaminación cada 24 horas pero solo de algunas estaciones, quedando fuera la mayoría de ellas, que son de organismos (Puertos del Musel y de Avilés), ayuntamientos (Gijón) y empresas pero cuyos datos deben ser públicos, porque hay muchos concejos asturianos que no tienen ninguna estación publica de control y si de otros organismos, a pesar de la evidente contaminación que sufren no se sabe lo que les sucede en AsturAire, como es el caso de; Corvera, Carreño, Gozón, Navia, Llanera, Morcin.  En el caso del protocolo anti contaminación no tienen en cuenta los picos de contaminación.

Recordamos que investigadores a la Universidad de Harvard, igual que investigadores en Madrid, Barcelona y Asturias, nos han mostrado que los picos de contaminación o los niveles diarios mucho más bajos de las directrices de la UE o de la OMS repercutan en la salud de los ciudadanos. Así que desde aquí aprovechamos para pedir que esta aplicación se actualice por horas, y se tenga opción de ver los valores de días anteriores, para poder hacer un buen estudio de la calidad del aire.  Es más, creemos que los funcionarios del medio ambiente en Asturias deberían seguir la evidencia científica más atentamente en vez de dar mensajes tranquilizadores que no tienen ninguna base en ciencia y solo sirve cubrir el problema. Creemos que ya es hora de que se tome en serio el bien más preciado que tenemos los ciudadanos, la salud.

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